jueves, 16 de febrero de 2012

Reynaldo González Zamora: Yo nunca he sido un periodista que cubre la página de espectáculos


Enrique Pérez Fumero.
enriquep@rect.uo.edu.cu


Sostener un diálogo con Reynaldo González es ir a un encuentro con la amabilidad y la cultura; un hombre perspicaz a la hora de persuadir y explicar sus argumentos. Le apasionan todos los temas y ante cualesquiera de las interrogaciones siempre responde lo que él cree pertinente. Con motivo de la XXI Feria Internacional del Libro, publico esta entrevista realizada hace algunos años, con total vigencia.

Cuando nos referimos a periodismo cultural… ¿De qué estamos hablando?

Estamos hablando más del por qué. Quiero decir, la información diaria, inmediata, el anuncio… eso es información, pero no es periodismo cultural como yo lo concibo. Nuestra prensa y buena parte de la prensa del mundo ha ido apretando las posibilidades de explayar el conocimiento a través el articulismo y el ensayismo breve. En consecuencia nos hemos quedado con lo que en cualquier otra parte del mundo se llamaría información de espectáculos. En el caso nuestro, hemos tenido una larga escasez de papel que ha ido contrayendo la información cultural a uno de esos aspectos que se relaciona con lo informativo puro, decir lo que está pasando.
Pero al no tener suficientes páginas en la prensa habitual —salvo en las revistas que cumplen un rol muy importante—, no tenemos una presencia del periodismo cultural más intrincado, serio y detallado por esas razones de la escasez. Incluso el asunto deviene una costumbre, que de ser tan rutinaria se pueden saltar algunas líneas de la información y nos quedamos en el qué, en el cuándo, pero no siempre en el cómo y el por qué. Estas son las definiciones rutinarias del periodismo. Pero el periodismo cultural es mucho más complejo, más rico, debe detallar más y brindar elementos de conocimientos. En los grandes periódicos que tienen disponibilidad se dividen fácilmente entre espectáculos y cultura. Eso es lo que yo entiendo como periodismo cultural y eso fue lo que me premiaron en el 2007 como periodista cultural. Yo nunca he sido un periodista que cubre la página de espectáculos, siempre he sido alguien más, alguien que hace un poco más y creí entender al recibir ese premio que se estaba premiando una forma de trabajo.

¿Reynaldo, en qué medida le ha sido sencillo o difícil hacer periodismo en una sociedad que posee una efervescencia revolucionaria como la nuestra?  

Yo creo que el asunto es hacer entender en este otro caso que la Revolución viene a dar una respuesta a diversos problemas. ¿Qué cosa es según el marxismo un salto revolucionario? Cuando se acumulan las contradicciones a tal punto que ya no se pueden resolver por las formas tradicionales. Entonces ocurre el salto revolucionario. No te creas que me fue muy fácil… También hice mucho periodismo de revista, por ejemplo en las publicaciones Pueblo y Cultura y Revolución y cultura. Esto me permitió trabajar diferente, no sin sacrificio, no sin algunos altercados que paso por alto porque el objetivo mío no es la inmediatez, sino más allá. Cuando puedo dar un paso más adelante olvido aquellas restricciones y problemas que sólo condujeron a un percance, porque la historia es más grande que los problemas o las personas quienes a veces no actúan con la seriedad que el momento exige.

En su caso Reynaldo, dónde termina el periodista y empieza el novelista o ensayista. ¿Quién se nutre de quién?

La prensa nacional y extranjera ha reconocido en mis textos que tengo una manía de intercalar unos géneros en otros. Si yo para persuadir a mi lector debo acudir a párrafos completamente narrativos, lo hago. Yo creo que desde hace mucho tiempo los géneros se han ido mestizando y enriqueciendo. Lo dije en 1964 al publicar un artículo en La Gaceta de Cuba titulado Los géneros estallan. En realidad no era ningún descubrimiento mío, era una aseveración de lo que estaba leyendo. Esa sinergia mediática es muy frecuente. Los géneros hace tiempo se confunden. Una novela puede incluir páginas poemáticas, el poema recurre a la prosa poética, la poesía no está sólo en los renglones cortos  y en medio de una narración de novela, se puede hallar lo poético. Lezama dice la pollesis y Lezama ha sido uno de los autores más saqueados por un retornelo convirtiendo tópicos del proyecto lezamiano de un sistema poético, en muletillas, falsas categorías filosóficas. Pero Lezama estaba muy claro. Y en la novela Paradiso aparecen muchos cuentos que los pude sacar. Lo demostré cuando hice una selección para la editorial Alianza Editorial de Madrid, y le añadí pedazos tan concretos, tan breves, donde todo ocurre en el, que es la razón del cuento dentro de esa novela. El ensayaba poetizando. Los géneros hace mucho se apoyan los unos a los otros, eso no es nada nuevo. Esa disección de la prosa le interesa a las personas que necesitan constantemente saber dónde están, gente que no se entrega al texto. Los textos no se escriben para personas con cartabones, se escriben para el placer de la lectura.

En varias de sus novelas, hay una recurrencia historicista y hermenéutica hacia los temas cubanos asumiendo una posición crítica. ¿Por qué?

Mis recurrencias a la historia son las formas de introducir al lector. En estos momentos en el mundo se está viviendo el boom de la novela histórica, es decir, hay una necesidad de tener puntos de referencia. La novela Siempre la muerte sus pasos breves te dice constantemente que estamos viviendo el año 1958 en un pueblo de Cuba. Está Fidel Castro en las montañas, se sucede la invasión de orienta a occidente, también está presente el movimiento revolucionario de las ciudades que es tan riesgoso y mis personajes están imbuidos en esta situación. La novela Al cielo sometidos, una reconstrucción del siglo quince, está Cristóbal Colón preparando su armada para ir a conquistar lo que él consideró que eran Las Indias, y están mis personajes en su pequeño mundo donde recalan noticias del reino. 

Desde este punto de vista, el lector tiene información desde la petite histoire, a la gran historia. El caso es que la historia es también un apoyo. En este sentido Al cielo sometidos, —que ha tenido muchos premios y cinco ediciones cubanas—, pues esa novela yo creo que gusta por eso, porque la gente piensa que está viviendo un pedazo de realidad, aunque tú y yo sabemos que no es realidad, que es ficción. Pero sin dudas, el elemento historicista contribuye a la seducción literaria y en este caso le añado un idioma español que el lector percibe que está leyendo la novela escrita en un español antiguo y no es verdad. Es un español virtual, donde hay palabras que mantienen su significado directo o referencial y la gente está bebiendo vocablos del pasado que todavía guardan un significado entendible. No quiere decir que sean palabras de todos los días, pero en la lectura se corrigen, incluso le di muy pocas libertades al narrador. Además de obviar el lenguaje teórico. Ese truco me costó mucho trabajo y ese fue el mayor esfuerzo, que me valió la entrada a la Academia cubana de la lengua y un reconocimiento nacional y extranjero. Hay gente que enferma hasta la prosa, con un lenguaje de la teoría. Es decir, están renunciando a dialogar con alguien que no sea como el y al final termina utilizando meta lenguajes, un leguaje prenunciado, un lenguaje puramente científico, que responde a las academias y no a la vida.

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