viernes, 16 de marzo de 2012

Contradicciones feministas: entre el deber ser y el deseo



Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

El libro resulta entonces una contribución al tema, todavía pendiente, de la identidad de género / Los límites están hoy en nosotras mismas, porque somos actores de la cultura / El libro no pone de relieve las contradicciones con el otro género  / No se trata de que dejemos de amar a los hombres  /  Yo me considero una mujer feminista.

El libro Entre el deber ser y el deseo. Mujeres profesionales en busca de su autonomía, publicado por la editorial Prensas Universitarias de la Universidad de Zaragoza, fue presentado en la Universidad de Oriente. Su autora, la Dra.C. Rosa María Reyes Bravo, profesora de la carrera de Psicología y Decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la institución docente, conversó con el público presente sobre las contradicciones de las mujeres profesionales y los caminos que enfrenta el discurso feminista hoy.

¿Cuáles fueron los antecedentes de este libro?

Los inicios se remontan al año 2000. Están en una investigación que inicié en aquel momento, para culminar mi ejercicio de maestría, relacionado con las historias de vida de mujeres jóvenes, las cuales estaban terminando sus estudios universitarios. Fue un estudio que arrojó cuestiones que tienen que ver con la inmanencia y la inmediatez de los proyectos de vida de las mujeres, y que se centraba en el ámbito familiar, privado y de pareja de las que fueron parte de la muestra. Pero, la proyección fue nula en cuanto al desarrollo profesional de estas mujeres.

Empecé a trabajar entonces con mujeres profesionales, en edades comprendidas entre los 30 y los 40 años, que es cuando empieza el desarrollo maduro, desde el punto de vista psicológico, de las mujeres; y en el cual nosotras desplegamos varios proyectos de vida, como el profesional, la maternidad, la familia y otros, relacionados con la estabilidad de la pareja. 

Esa coincidencia de proyectos al mismo tiempo, más el hecho de que en los imaginarios femeninos todavía estén coexistiendo significaciones, ideas, creencias, que nos hacen ser mujeres tradicionales o progresistas, me llevó a estudiar las contradicciones y el ejercicio de la autonomía en las féminas. 

Para el estudio, escogí una muestra de las mujeres del Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA), lo cual resultó una experiencia desarrolladora, porque la idea no solo era conocer lo que estaba pasando, sino intentar un lograr un cambio. 

Esto se convirtió en un programa, con un sustento teórico metodológico, en pilares que relacionan el enfoque histórico cultural con la propia psicología social y la teoría feminista y de género y, desde el punto de vista metodológico, el trabajo con el método investigación Acción-Participación, me permitió contribuir en alguna medida a que esas mujeres pudieran ser conscientes de las contradicciones que tenemos. 

El libro resulta entonces una contribución al tema, todavía pendiente, de la identidad de género que, para lograrse, precisa de que las mujeres seamos conscientes de cuáles son las contradicciones que nos impiden avanzar un poco más. 

Muchas mujeres, incluso las más jóvenes, creen que ya se han emancipado, y cuando hablo de liberación, en el libro, me refiero a romper las ataduras impuestas por los patrones culturales. Muchas se creen diferentes, pero en la práctica, sus comportamientos obedecen de manera “maquillada” a los mismos patrones culturales que seguimos desde siglos atrás. Ahora con más carga, porque además de las responsabilidades domésticas tenemos las sociales, que tienen que ver con nuestro desarrollo profesional.

¿Estos comportamientos trazan límites al tratamiento del tema de la autonomía de mujeres profesionales?

Siempre hay límites, y los límites están en la propia cultura. Hablar de autonomía tiene que ver con la necesidad de promover cambios en la propia cultura. Pero para que haya cambios en las prácticas y sentimientos de mujeres y de hombres, es necesario que haya un cambio de pensamiento. Veamos cuánto ha costado en el desarrollo de la humanidad, que la mujer haya logrado lo que hoy festejamos, un 8 de marzo. Si no buscamos estrategias conscientes, críticas y protagónicas que nos permitan acelerar esos cambios, demoraremos varios siglos para lo que necesitamos. Y si las mujeres hemos accedido hoy a la cultura, y estamos en condiciones de pensar por nosotras mismas, ¿por qué no promover el cambio? Pero no solo para nuestro beneficio, sino también para el de los propios hombres, y el de la sociedad. Los límites están hoy en nosotras mismas, porque somos actores de la cultura.

¿Sobre qué otras contradicciones trata el libro?

El libro estudia la contradicción entre el desarrollo profesional y el personal, pero también la contradicción entre el desarrollo profesional y la maternidad. E incluso, la contradicción, a veces solapada, entre el ser mujer profesional y no ostentar un título universitario o desempeñar una profesión académica, y sí el rol de esposa, dueña de casa y hogar, que tiene que ver con determinadas asignaciones que se nos han dado por años y que las mujeres aceptamos acríticamente. 

El libro no pone de relieve las contradicciones con el otro género, porque de lo que se trata no es de que hablemos mal de los hombres, sino de que abordemos las contradicciones que están en nosotras mismas, las mujeres, como grupo social.

Por muchos años, la educación de varones y hembras ha sido asumida por mujeres plenamente concebidas, de modo que ellas también son responsables del machismo de los hombres. ¿Cuáles son los cambios propuestos en el libro para estas mujeres?

El grupo con el cual trabajé puso de manifiesto estas cuestiones. El principal obstáculo que encontramos hoy día está en las propias mujeres. Cuando una mujer decide cambiar sus prácticas, su estilo de vida, aparecen otras mujeres que obstruyen ese camino. 

La propuesta del libro es que las mujeres construyamos espacios de reflexión colectiva, entre nosotras, para que seamos conscientes de cómo en nuestras prácticas educativas y sociales, en ocasiones, no nos ayudamos a avanzar. 

No se trata de que dejemos de ser madres, es que aprendamos y construyamos una nueva concepción de la maternidad. Igualmente, no se trata de que dejemos de amar a los hombres, o a la persona que se ame, sino de que pensemos en el amor de forma diferente, sin una parte que anule o sojuzgue a la otra: un amor paritario, respetuoso. No se trata de no tener familia, sino de entender a la familia como un espacio diferente, y hacer de ella un grupo más responsable.

¿Estamos en presencia, entonces, de un libro feminista?

Sí. Feminista, y me gustaría hacer una aclaración, porque existe una gran contradicción sobre qué es este fenómeno. Yo me considero una mujer feminista, y eso significa estar a favor de los derechos de las mujeres, de la equidad entre hombres y mujeres. 

Cuando las mujeres seamos conscientes de que, defendiendo nuestros derechos, la plena igualdad, también estamos defendiendo a los hombres, quienes llevan una carga pesada en esta historia, hasta los hombres van a entender que es bueno que seamos feministas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada