lunes, 5 de marzo de 2012

El guión radial pasa a primer plano


(Conferencia impartida a los participantes del VII Festival Provincial de Radio Universitaria, en la Universidad de Oriente) 

Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

La efectividad de un programa de radio, quedó demostrada desde el nacimiento del medio. Orson Welles quizás no pudo premeditar las consecuencias que traería el 30 de octubre de 1938, la adaptación para la radio de la novela homónima, del británico H.G.Wells: La Guerra de los mundos. El escritor santiaguero Félix B. Caignet tampoco pudo saber con antelación que su novela El derecho de nacer, paralizaría a América Latina. Las personas escuchaban la novela como una misa sagrada; en los cines se interrumpían las películas; las calles se vaciaban; Caignet había abierto la válvula del llanto.
 
En Cuba antes de 1959, las cuñas publicitarias dominaban el espectro radial. Todavía quedan en la memoria algunos de estos jingles memorables: Caballeros, qué calor… si no fuera por Cristal.

Todos estos fenómenos comunicacionales se deben en gran medida a la existencia de un texto, de un parlamento, de una historia. Y como palabra escrita al fin, se ajusta a un proceso de creación.

No me atrevo a decir un año o un hito específicos, para demostrar el nacimiento del guión o libreto para la radio y en consecuencia, la persona que emplea su fuerza de trabajo en hacerlo, es decir, el guionista. Prefiero referirme al guión, como un elemento base, como el caldo de cultivo de la producción radial y a partir de ahí, analizar sus complejidades. 

El guión y las características de la radio

Hay sobrada bibliografía que se refiere a las ventajas y desventajas de la radio: es inmediata; facilita la transmisión de ideas y opiniones, y estimula la imaginación al no dar imágenes. Lo que impulsa a pensar en sus limitaciones: es unisensorial, porque su único soporte es el oído, y exige más claridad y concisión, porque al no tener imágenes, necesita la atención del oyente.

La radio siempre ha contado con una ventaja en relación con otros medios tradicionales y tiene que ver con el bajo costo de producción. Sin embargo, el escenario actual es distinto. La internet transforma los conceptos, los modos de hacer y asume en si mismo las peculiaridades de los otros medios. Las imágenes que Woody Allen difundió en su película Días de radio en 1987 difícilmente regresen. El fenómeno de escuchar un programa en familia ya no es común hoy día, porque cada persona tiene la posibilidad de escoger cómo gasta sus horas de ocio y de qué manera se informa.

La radio ha devenido una aplicación que encontramos en Internet, un teléfono celular o en el último dispositivo que produjo Apple, que generalmente no es la principal. En consecuencia, el acto de escuchar la radio es un fenómeno más íntimo y personal. La preferencia por un programa radial en comparación con escuchar música, ver una serie Manga o chatear a través de Facebook, depende del trabajo en equipo donde participan el guionista y el guión.

Guionistas o libretistas. ¿De dónde surgen?

El guión, como su nombre lo indica es básicamente una guía. Ofrece un ordenamiento de los elementos que integran un programa, y deben tener obligatoriamente parlamentos o diálogos. En el caso de la radio, según Reynerio Flores Corbelle:  

El guión radial se construye sobre un solo elemento: los sonidos, que al expresarlos en forma escrita los dividimos en dos: una columna de introducción a la técnica y otra de expresión de esa técnica, considerando los bocadillos o parlamentos como tal.

A la hora de acometer la redacción del guión para la radio, cualquier persona debe tener en cuenta los elementos a los cuales se suscribe:

  • La voz: Es la encargada de comunicar la carga textual, a través de inflexiones, líneas melódicas y matices para darle color a lo que se dice.
  • Sonido: Es la música del corazón, la que nos transmite sentimientos y estados de ánimo.
  • Efectos: Es la música que describe las situaciones naturales o ficticias, donde se desarrolla la acción.
  • Silencio: Aporta la carga semántica, la reflexión.
Hay algunos radialistas que también incluyen el ruido, para destacar la coyuntura de algunas escenas fuertes. Con estos elementos, quien escribe y realiza para la radio debe ser capaz de construir un discurso coherente y ameno; debe ser capaz de hacer ver una escena cinematográfica, un paso de ballet o el trazo del artista sobre el óleo. El texto, la música, las declaraciones y los efectos deberán mezclarse en un haz único.

Sin embargo muy pocos piensan en las competencias que debe tener la persona que hace tales acciones. Hasta ahora no conozco ninguna escuela donde se formen guionistas, por lo que remarco la opinión de la escritora Dora Alonso, que aparece en el libro “Rostros que se escuchan”:  

Creo que el escritor realmente se afirma y se reafirma con la cultura, pero no se hace a través de la Universidad, como no se hace ningún tipo de artista, como no se hace un carpintero.

Si al decir de algunos literatos a escribir se aprende escribiendo, en el caso de la radio, no existe mucha diferencia. El guión es un proceso de creación que implica búsqueda, investigación, análisis y síntesis de la información que tenemos.

Siempre recordaré el ejemplo de Antonio María Lloga Simón, quien  a la hora de hacer sus novelas se trasladaba hacia la región o comunidad donde se desarrollaría la trama de su relato. Allí conocía a las personas, las retrataba y convivía con ellas, de modo que le era más fácil escribir y poner en antena sus historias. Lloga sin saberlo, ya hacía trabajo etnológico al escribir sus novelas.  

El guionista, al igual que un periodista u otro comunicador, tiene cierto poder simbólico porque de una u otra forma, socializa un mensaje a través de un espacio que le ha sido conferido. En ocasiones, hará las veces de médico, psicólogo, profesor e incluso, tendrá que tomar partido con un criterio, donde solo la cultura y el respeto a la diversidad de opiniones, lo elevarán al podio de los aplausos. Aquellos que piensen que su libreto es el más importante o el único que tiene la verdad verdadera, serán los más errados del planeta.  

El guión, los guionistas y la Internet

El guión radial es un producto artístico y como tal, no se debe escribir a la ligera, ni llenar una serie de cuartillas como si fuera cualquier cosa. Hoy día, la premisa de la Internet yo te presto mis cables, si tú me prestas los tuyos, permite el acceso a la información a cualquier persona, lo que abarata aún más el costo de producción de un guión.

He constatado que algunos guionistas de programas juveniles, infantiles y variados, copian y pegan la información e incluso, le dan cierto carácter científico, sin apenas analizar quién es la persona que publicó el texto en Internet y qué afiliación política tiene.

Internet tiene toda la información que podemos necesitar, pero esto no se puede convertir en la única fuente del guionista; tampoco se trata de desechar la información on line.

En una computadora se pueden sustituir los actores, la escenografía, los sonidos, la voz, pero lo único que es imprescindible es el guión, porque entonces no habría nada que contar. De modo que la información extraída de Internet debe asumirse como punto de partida, para acometer la redacción del libreto, porque nadie más que el guionista podrá jerarquizar y tratar con mesura la información que se tiene.

¿Qué se escribe y para quién o quiénes?

Hay quienes afirman que el éxito de un programa de radio, radica en la condición de no hablar tanto y poner más música. Y no me parece que sea del todo cierto. Los programas crean hábitos, como mismo lo hacen las marcas y las comidas. La solución está en no faltar jamás a la promesa de beneficio que un día hicimos con el público. También es cierto que en la radio, poco importa quién o quiénes escriben, tan solo es necesario un guión diario, para evitar las reiteraciones. Hay diversos temas y otros muchos tratamientos. La búsqueda de especialistas que puedan abordarlos, le dará mayor grado de credibilidad a lo que se pone en antena. 


El equipo de trabajo: guionista-asesor-locutor-director

Un guión de radio, luego de ser escrito y comprado por las autoridades de la emisora, no pertenece más a su autor, aunque se le da crédito. La función del asesor, —lejos de ser un censor o un activista político—, debe estar encaminada a la valoración del texto para saber si reúne las condiciones para ser grabado y puesto en el aire.

El asesor no debe estar sentado plácidamente esperando guiones para tachar lo que no le interesa, o lo que no quiere escuchar, como ha sucedido. Tampoco debe abusar de su posición jerárquica o rechazar algunas obras, simplemente porque desconoce de qué se está hablando. La calidad de un guión no se mide por parlamentos, ni cuartillas, sino por el mensaje que logra transmitir y en este sentido, el asesor y el guionista deben trabajar de conjunto. Si el escritor tiene que buscar información y abordarla coherentemente, el asesor debe estar al tanto de la misma, para poder sostener sus argumentos. De lo contrario, se pierde esa relación que será complementada más adelante.

La radio funciona en equipo y de nada sirve un texto bien escrito, si éste no es defendido por un locutor experimentado. Cuando un locutor lo es de verdad, da gusto escucharlo. Quizás para un tabacalero del siglo XIX fue muy difícil comprender a José Martí cuando expresó su discurso Con todos y para el bien de todos. No en balde, Blanche Sacharie de Baralt, afirma que Martí utilizaba un tono evangélico y luego se iba emocionando con el discurso, al punto de lograr la ovación de todos. Hacia ese nivel, debe elevarse el trabajo de un locutor.

En tal sentido, el director de programas complementa la idea inicial del guionista, que no significa transformarla del todo, porque entonces no tendrían sentido las etapas anteriores. El equipo cohesionado de guionista-asesor-locutor y director será el responsable de la puesta en antena de una obra con calidad, o por el contrario, el público cambiará de estación en busca de otro discurso.

El guión radial pasa a primer plano, porque a partir de ahí, nace la maravilla de escuchar las imágenes de la vida.

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