miércoles, 4 de abril de 2012

La Unión de Jóvenes Comunistas y yo… ¿cómo ser revolucionario hoy día?

Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

El 4 de abril es un jolgorio. La Organización de Pioneros José Martí (OPJM) cumple 51 años de fundada, al tiempo que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) celebra medio siglo de existencia. Es tiempo de celebración, de reconocimiento al mérito y al esfuerzo, pero también es tiempo de pensar, de “disentir” sin miedo a mal interpretar el término, y de expresar ciertas ideas que tienen filo.

¿Cuáles son las características actuales de la UJC, que permiten apreciar una evolución de su proyecto a 50 años de creada? ¿Por qué una parte de la juventud comunista y otra que no lo es, no se siente identificada con los principios de la organización? ¿Cuál es la Revolución que debemos hacer los jóvenes hoy día? ¿Revolución y ser revolucionario es lo mismo? ¿Si Revolución es superar algo establecido, qué podríamos revolucionar?

La Unión de Jóvenes Comunistas tuvo su antecedente en la Asociación de Jóvenes Rebeldes, la cual fue creada por Ernesto Guevara para agrupar a miles de jóvenes que antes de 1959, no pudieron estudiar ni trabajar. En 1962 durante su primer congreso, Fidel Castro planteó la necesidad de que la juventud tuviera una organización política, regida por el marxismo-leninismo y así nació esta organización. ¡Pero cómo se pensaba en esa época! Algunas ideas extraídas del libro Poder vivir en Cuba, Diálogo y propuesta a partir del Ciclo Taller “Vivir la Revolución a 50 años de su triunfo”, nos acercan al imaginario de esos años:

En los sesenta, no se pensaba nuestra relación con la Revolución. Era natural. La Revolución soy yo: así lo sentía entonces. La Revolución la hicimos todos. Yo hice la Revolución, yo alfabeticé, corté caña, etc. Para mi generación, la Revolución somos nosotros.

Hoy día el panorama es distinto. Las generaciones de jóvenes cubanos nacidos a partir de los años 90 y 2000 heredamos los problemas de una sociedad, que no fuimos sujetos de su construcción. Los símbolos culturales, la socialización política y las representaciones sociales de lo que debía ser un joven comunista se han perdido en el tiempo, y apenas se escuchan consignas, donde es muy difícil medir el grado de aceptación o rechazo de quienes así lo manifiestan.

En consecuencia, la UJC necesita ser reinventada de acuerdo con las exigencias y la alternatividad de la juventud que vive hoy día en el país. Al preguntarle a un dirigente sobre cómo él socializaba este medio siglo de su organización política me respondió “con más conciencia y más exigencia para seguir respondiendo al llamado de la Revolución”. De sus palabras interpreto el grado de responsabilidad que tiene frente a un proceso del cual participa, sin embargo, pienso que el discurso debe orientarse a la esencia de cada persona para que se sienta incluida también. La construcción de un proyecto común y plural, no está en contra de conocer las particularidades de cada uno para saber como explotarlas.

El Che decía en su tiempo y en su contexto que “la arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud; en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera”. Hoy la continuidad del proyecto de la nación y la necesidad de crear una sociedad más responsable, democrática y participativa, es la tarea encomendada a la juventud, sin embargo, hay que buscar alianzas entre los proyectos personales y colectivos, para asumir esa responsabilidad con plena conciencia de lo que significa.

Más que criticar la Revolución, la sociedad y las personas que la dirigen, hay que discutir sobre lo que a cada uno le corresponde hacer desde su puesto y su función; y desde una perspectiva dialéctica, negar todo lo que deba ser negado.

Revolución hoy día es un concepto múltiple. La Revolución (con el artículo) es el proyecto que triunfó en 1959 y cambió la base productiva de la sociedad. Supuso no solo un cambio de poder, sino una nueva manera de concebir el poder. Contribuyó como ideal a la construcción de un sentimiento latinoamericano y lo que es más importante, ha logrado sobrevivir en un contexto político y económico bien difícil, y lo ha hecho, porque es una Revolución. Por su parte Revolución (sin el artículo) incluye las revoluciones que constantemente hacen los hombres y mujeres de esta sociedad, para transformar su realidad en busca de la felicidad.

Revolución es “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, pero quién o quiénes dictan el proceso o lo que debe ser cambiado. ¿Y si no cambia constantemente, equivale a que la Revolución se acabe? La Revolución necesita ser de todas las personas que la viven y la hacen posible. La vida de la Revolución, depende de la permanencia de su carácter revolucionario, de la posibilidad de reinventar a los sujetos revolucionarios, de disentir e interrogar.

¡Ser revolucionario en la actualidad, es hacer nuestra revolución todos los días!

En cuanto a mí, tengo la posibilidad de crear un espacio de polémica sobre estos temas tan necesarios para debatir; ojala muchos jóvenes tuvieran esta posibilidad, y sus criterios fueran escuchados o al menos, leídos. Al periodismo le corresponde la socialización del proyecto revolucionario, para demostrar su efectividad,  sin dejar a un lado la crítica y el análisis.

Ser revolucionarios es una condición superior al de militar en una organización, aunque en ocasiones pueden ir de la mano. Primero necesito transformarme yo, para entonces pensar la articulación de cambios a la sociedad en la cual me desempeño. Ser revolucionario en Cuba es repensar el socialismo, de acuerdo con nuestra realidad; una cosa es la teoría y otra bien distinta, son las interpretaciones que se hacen de la misma. Ser revolucionario es ser ético, combativo ante lo mal hecho, responsable con la misión que tenemos día a día; es contribuir a la creación de un mundo participativo, donde no miremos a las personas por sus preferencias sexuales, color de la piel o creencias religiosas o políticas.

Ser revolucionario es acercarse a la esencia misma del hombre, para lograr la soberanía y la solidaridad, en detrimento del egoísmo y la desconfianza.

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