sábado, 12 de enero de 2013

Estos rostros que se escuchan: ¿Tercero o quinto tomo de la verdadera historia de la radio cubana?

(Palabras de presentación, en el Sábado del Libro, de la librería Amado Ramón Sánchez de Santiago de Cuba)

Reynier Rodríguez Pérez
reynier@rect.uo.edu.cu


Alejo Carpentier Valmont, autor de El siglo de las luces y Los pasos perdidos, entre otras importantes obras que prestigian a la cultura y a la literatura nacional, afirmó en una ocasión:

Trabajé para la radio cubana durante varios años. Traté de alcanzar en mis programas el más alto nivel posible. Radié biografías de grande poetas, patriotas, figuras latinoamericanas; pero siempre con las limitaciones de tiempo y publicidad que implicaba la estructura radial. Recuerdo, por ejemplo, un programa sobre Byron partido a la mitad para dejar salir al aire el anuncio de una marca de jabón. Esto no fue un hecho aislado, era la realidad de todos los días. (F/C)

Así era la radio cubana antes de 1959, cuando la Radio era el centro alrededor del cual la familia hacía silencio, cada noche, poco antes de dormir. La historia de esa Radio ya fue recogida, curiosamente, por un actor devenido realizador e historiador: Oscar Luis López (La Habana, 1913-2007), Premio Nacional de la Radio por la Obra de la Vida y Artista de Mérito de la Radio y la Televisión.

Esa historia de Oscar Luis López se quedó en los años sesenta, aunque se editó en 1981 y se reeditó siete años después, por el sello editorial Letras Cubanas. Más citado que leído, ese libro: La Radio en Cuba, fue lo único consistente que tuvimos los curiosos sobre el tema hasta el lejano ya (a una década), año 2002.

La locutora, periodista, guionista y directora de programas, Josefa Bracero, nos entregaba en ese tiempo el primer tomo de una saga, del cual este que presento es el tercero. Se titula Estos rostros que se escuchan, y fue editado por Letras Cubanas en el 2011. 

¿Cómo surgió la idea de renovar, por medio de entrevistas y crónicas, la historia de la Radio en Cuba?

La autora lo deja entrever en su primera publicación, la que tituló Rostros que se escuchan; y nos lo explica por lo claro en Otros rostros que se escuchan, segunda parte de la saga, publicada en el 2007.

Las primeras entrevistas las comenzó en 1997, aprovechando los momentos que brindaban los Festivales, para grabar a diferentes personalidades que asistían en calidad de invitados o de jurado. Hoy, esas entrevistas constituyen la principal bibliografía de los libros que ha escrito Josefa Bracero, en los que puede actualizarse quien desee saber el resto de la historia de nuestra radio, de Oscar Luis López a la fecha.

No estoy hablando solamente de los tres que he mencionado, sino también de Silencio… se habla, esbozo de la radio en Cuba, desde su fundación hasta el 2006, haciendo énfasis en el surgimiento y desarrollo en cada provincia. Ese libro se publicó en el 2007, por la Editorial Pablo de la Torriente.

También debo citar aquí Mujeres Locutoras en Cuba, cuyo título ya revela el contenido de sus páginas. Se editó en el 2011 por Capiro, en Santa Clara, y nos presenta biografías de unas 153 mujeres de la locución, en todas las épocas, de todo el país, que se acompañan de 103 fotografías. Nos reveló en su momento que el 62 por ciento de las voces de locutores en televisión son mujeres, y que el 52 por ciento de los profesionales en la locución radial, también son féminas.

¡Cifras, nada despreciables!

Casi a la par de ese libro llegó Estos rostros que se escuchan, para completar el arduo trabajo de la escritora, que llegó así, a la respetable cifra de 146 trabajos, entre crónicas y entrevistas, cuyo fin era concretar aquel llamado del célebre conductor, actor y locutor de la radio y la televisión cubanas, Germán Pinelli: “tener la historia de la radio y la televisión contada por sus protagonistas”. (F/C)

¿Quiénes son ellos?
 
Pues mujeres y hombres, que comenzaron muchas veces en el medio radial siendo niños y niñas, creciendo entre micrófonos, tocadiscos y cintas magnetofónicas, hasta llegar a envejecer, en ocasiones, deslumbrados por las nuevas tecnologías y rodeados de admiradores y discípulos.
 
Son hombres y mujeres de la radio. Premios Nacionales, Artistas de Mérito, figuras populares en su tiempo o en cualquier tiempo, cuyos aportes y virtudes los preceden. Locutores y locutoras; musicalizadores y musicalizadoras; periodistas, actores y actrices, directores y directoras de programas, que dieron sus primeros pasos en la radio; aunque luego hayan llegado a ser, tal vez, más populares, en el teatro, el cine o la televisión.
 
Ahora de ellos guardaremos, junto al tímido recuerdo de una voz o de una imagen, las palabras que nos dejaron.

¿Cómo percibe ahora estos rostros, Josefa Bracero?

En este libro ustedes pueden encontrar, entre las crónicas (sobre personas a las que, obviamente, el tiempo no podía permitir entrevistar, dígase: Adolfo Guzmán, Marcelo Agudo, Félix B. Caignet o Violeta Casal); y entrevistas (hechas a glorias de la radio y la televisión cubanas, como Raquel González, Yolanda y Carmen Pujols o Antonio Suárez); unos 52 trabajos, que completan un ciclo dentro de una historia, que se lee como se escucha una radionovela: historia viva, que no aburre; historia que cultiva e instruye, pero no agota.

He aquí el recuerdo, la vivencia personal de todos los entrevistados ¡y de la entrevistadora!, que vale más en ocasiones que una referencia histórica o una cita metatextual “que nos haga pensar demasiado”.

El libro se parece a aquellos que le han antecedido, en que mezcla figuras “de antes” con figuras “de ahora”; las del pasado más añejo están al lado de las otras, que no están desde hace menos tiempo, ¡o que están todavía: haciendo radio, o sea, la radio que tenemos y que queremos: con sus aciertos y no pocos desaciertos!

Una Radio que es distinta a la que pudo conocer, en su momento, don Alejo Carpentier Valmont pero que sigue siendo, en síntesis, la misma Radio que ya cumplió el pasado año su noventa aniversario.

Una Radio a la que Josefa Bracero ha entregado también lo mejor de sí. Y que le ha dado, entre otros reconocimientos, tres premios de la Caribbean Broadcasting Union por igual número de documentales culturales para radio; varios Caracol otorgados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y premios 26 de julio de la Unión de Periodistas de Cuba; el Premio Nacional de Radio y la condición honorífica de Artista de Mérito del ICRT. Radio por la que alguna vez ella fue cuadro destacado del Estado cubano y obtuvo la orden Ana Betancourt. Radio que dirigió en la Isla por más de diecinueve años, incluidos los más acérrimos del Período Especial.

Si yo le preguntara a Josefa Bracero cuál es el futuro que ella ve en la radiodifusión cubana, sé que me respondería con satisfacción y optimismo, con aquellas palabras suyas que cedió a Paquita Armas Fonseca:

Hace ya muchos años que la Radio dejó de ser el centro alrededor del cual la familia hacía silencio. Un día decidió instalarse en todos los rincones de la casa y después se vistió de transistor para salir a pasear. Se convirtió en el derecho de las personas a ser acompañadas y también a que se respete su intimidad y sus preferencias. Decididamente siempre tendrá su porvenir. Nadie podrá sustituirla, porque llega hasta el lugar más intrincado, hasta montes y selvas, atraviesa muros y montañas, con la mayor inmediatez y porque está al alcance de los más poderosos pero también de la gran masa de los desposeídos de este mundo. Y en Cuba, se mantendrá como testigo y actor de la historia. Estará allí, enhiesta como nuestra bandera, defendiendo el pensamiento martiano de que: “No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”. (F/C)

A Josefa Bracero la vamos a admirar aún mucho más, después de hoy, cuando accedamos a las páginas de Estos rostros que se escuchan, que es el tercero o el quinto, creo que el número no importa, de la verdadera historia de la Radio cubana. Dedicado a Sergio Corrieri y a Julio Alberto Casanova, dos de esos rostros que no están entre nosotros.

Para ellos y también para los rostros santiagueros que no están, llegue el respeto, la admiración y el aplauso de todos nosotros, herederos eternos de su legado, oyentes y lectores fieles de la verdad y la cultura.

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