sábado, 9 de marzo de 2013

El bolero se escucha entre las letras cubanas




Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


El libro Los narradores cubanos también cantan boleros, el más reciente de la Dra. C. Daysi Cué Fernández, profesora titular de la Universidad de Oriente, tuvo su estreno en la edición santiaguera de la Feria Internacional del Libro.

Partiendo de la ruptura estética y cultural que manifiesta la literatura Latinoamericana y caribeña a causa de la posmodernidad, la autora investiga los juegos intertextuales entre las letras y la música cubanas. 

El bolero, cristalizado en Cuba a partir de la pieza Tristezas compuesta por el santiaguero José (Pepe) Sánchez en 1883, fue una de las manifestaciones musicales de mayor arraigo entre los narradores del siglo XX.

Las mismas características del género musical: letras que abordan el amor correspondido o el amor traicionado, junto con una fuerte dosis melodramática, hicieron que el bolero transgrediera los límites para devenir un híbrido literario musical. El desarrollo de la llamada novela/bolero por el venezolano Vicente Franciso Torres y el devenir literario en Cuba, fueron temas estudiados por la Dra. Cué Fernández en su libro, para definir el concepto de la narrativa del bolero.

La novela bolero es el trasvase del género, del soporte musical al soporte literario. El autor puede tomar una pieza, que muchas veces sirve de título para la novela, y a partir de ahí comienza a hacer una nueva historia, otro bolero, que se intertextualiza con las letras musicales. De esta manera se produce un proceso mental en el lector, quien al leer la novela, tararea de modo inconsciente la letra de la canción que sirve de materia prima al texto literario.

Entre las obras de autores cubanos que constituyen ejemplos de la narrativa del bolero, la autora relaciona a: Tres tristes tigres (1967) de Guillermo Cabrera Infante; Bolero (1986) de Lisandro Otero y Los reyes del mambo tocan canciones de amor (1990) de Oscar Hijuelos, galardonada con el Premio Pulitzer.

La obra Noche de ronda (2001) de la escritora Ana Lidia Vega Serova, se inspira en la pieza homónima del compositor mexicano Agustín Lara; La última noche que pasé contigo (1991) de la autoría de Mayra Montero, habla de la existencia de una filosofía del bolero, mientras que la novela Te di la vida entera (1996) de Zoe Valdés, cristaliza en su título un fragmento del bolero Camarera del amor, compuesto por el cubano José Dolores Quiñones Sotolongo.

La autora Dra. Daysi Cué Fernández propone en su libro otras clasificaciones propias de la narrativa del bolero: la “técnica del disco rayado” aparece en la novela de Mayra Montero cuando la protagonista antes de morir pide que le repitan 17 veces un disco de bolero. Y hay otra técnica conocida como “popurrí”. Aquí el escritor mezcla en un mismo párrafo varias letras de boleros, intercaladas con las letras del texto literario.

Los narradores cubanos también cantan boleros, es una investigación indispensable para los amantes de la literatura y de la música en Cuba. La fusión de ambas manifestaciones artísticas da como resultado un proceso único y novedoso, que sitúa a los escritores amantes del bolero, es un espacio privilegiado dentro de la historia de las letras cubanas y latinoamericanas.

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