jueves, 21 de marzo de 2013

“Puedo ser actor, crítico, periodista, puedo atrapar las atmósferas, recrear las historias y hacer la libertad”

El poeta y periodista Reynaldo Cedeño Pineda estrenó su más reciente libro Poemas del lente, durante la edición santiaguera de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2013.


Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


No hay placer espiritual comparado con el regocijo que se siente luego de ver una excelente película. La gran pantalla hace que los personajes toquen a los cinéfilos para confrontar la verdad y la riqueza de las historias. 

Pueden ser imágenes estudiadas o tomadas al azar, pero en ellas se sintetizan la subjetividad, la estética y la poesía de los creadores.

Así lo demuestra el poeta y periodista santiaguero Reynaldo Cedeño Pineda en su más reciente poemario Poemas del lente


Laureado con el Premio Hermanos Loynaz 2012, el libro ha viajado desde Pinar del Río hasta la ciudad natal del autor, donde fue presentado por Marino Wilson Jay, en el contexto de la edición santiaguera de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2013.

El poeta no se inspira en filmes reconocidos por la crítica, galardonados con un Oscar, o famosos por las ventas de taquilla. Los largometrajes reflejados pueden estar en cualquier cinemateca del mundo, pero pertenecen también a la filmografía privada de Cedeño. Si bien es conocido en el gremio periodístico por su premisa de “hacer el amor con las palabras”, estas imágenes rozaron y estremecieron su alma.

El libro se conforma de 2 partes La linterna roja y La flor congelada, cristalizando 2 obras: una china y otra coreana, dirigidas por Zhang Yimou en 1991, y Ha Yu en 2008.

Los versos iniciales reproducen escenas memorables: Scarlett O'Hara y Ashley, en Lo que el viento se llevó, de Víctor Fleming-George Cukor (1939) y Boris y Verónica en Moscú, Cuando vuelan las cigüeñas (1957), de Mijaíl Kalatózov. 


Cuando vuelan las cigüeñas (1957), de Mijaíl Kalatósov. Foto: Internet

El autor refleja el cielo gris de Tenochtitlán por causa del Apocalytpo (2006) y en otro verso, describe la sensibilidad de shiso, protagonista de Memorias de una geisha, filme dirigido por Rob Marshall en 2005. 


Memorias de una Geisha (2005), Rob Marshall. Foto: Internet
 
Las féminas mal amadas y sacrificadas vuelven a la escena de la poesía. La Miss Daysi de Driving Miss Daysi (1989) aprieta el encaje, mientras que el autor salva a Blanch Dubois y convida a la Niña Celie a sonreír, ambas intérpretes de Un tranvía llamado deseo (1951), de Elia Kazan, y El color púrpura (1985), de Steven Spielberg.

En la segunda parte del texto, Reynaldo Cedeño estrena la vida como un Cabaret, en honor al filme homónimo de Bob Foose en 1972. La patria del poeta llega a través de Mariana, Julia y Elpidio, tres personajes de La vida es silbar (1998), que dejan sus miedos y escuchan la voz de Cuba en la Plaza de la Revolución. Del director Fernando Pérez, también se inspira en los rostros desconocidos de Suite Habana (2003).

La vida es silbar (1998), de Fernando Pérez

Las Lucías (1968) de Humberto Solás: Raquel Revuelta y Adela Legrá; e Iluminada Pacheco, de El premio flaco, dirigido por Juan Carlos Cremata en 2009, son otras historias que brotan de su inspiración.

Poemas del lente, recrea por otro lado el amor que quedó en las postales de Ennis del Mar y Jack Twist, en Brokeback Mountain (2005), de Ang Lee y la pasión vivida por 2 mujeres en una Habitación en Roma (2010) de Julio Medem. Tampoco podía faltar la tragedia: otra vez asistimos al salto del niño Bobby por el puente, en Plegarias para Bobby (2009) de Rusell Mulcahy, mientras que Iht oprime su corazón y sus ojos al contar su Historia de amor en Bangkok, dirigido por Pok Amon en 2007.


Historia de amor en Bangkok (2007), de Pok Amon

Reynaldo Cedeño Pineda dedica esta fusión de cine y literatura a la Dra. Daisy Cué Fernández y a su amigo Tony Iglesias, además de otras personas que no están con él.

Nunca había mandado un libro de poesía a un concurso y tal vez nunca más lo haga. Pero este premio me honra. Yo visité a Dulce María Loynaz y vi a una anciana, parecía endeble, parecía una flor, un lirio a punto de quebrarse y también era una ceiba. Entonces comprendí que mi dificultad no era nada. Ella estaba al borde del abismo, pero conservaba su fuerza y me la transmitió.

El poeta Reynaldo Cedeño escribe una dedicatoria en su libro. Foto: Tony Iglesias

Poemas del lente, convida a apreciar las obras y a las personas que han marcado un hito en la vida de los demás. No es posible salir de la sala del cine sin sentir la emoción y la poesía que conviven en un largometraje. Reynaldo Cedeño Pineda supo atrapar el halo misterioso de una escena, una sonrisa, una lágrima, un sablazo.

A continuación, algunos versos de Poemas del lente.


VOY A TOCAR LAS TECLAS DE ESE PIANO

Voy a tocar las teclas en el fin del mundo
voy a colgar un arpegio de la última ola
hasta que el kiwi pierda el horizonte
hasta que el Dios-Hombre saque del martes
                                                     la Isla del Sur
y canten las ballenas
voy a tocar a rebato
voy a subir el piano a la montaña.
Hazme el amor
hasta que la corteza del kowhai se vista de amarillo
Nueva Zelanda tiembla si pones tus manos
                                               en las mías
voy a tocar las teclas en el fin del mundo
voy a tocar cuando me arranquen los dedos
aunque tenga que morir dentro del piano.

(Inspirada en El Piano de Jane Campion, Nueva Zelanda, 1993)

El piano. Foto: Internet

BLANCH DUBOIS

Yo te devolvería Belle Reeve aunque lo hubieses construido en el aire
yo detendría los trenes
con una mano echaría el Missssisipi a mis espaldas
si fuera Dios
si fuera Brando.

(Un tranvía llamado deseo de Elia Kazan, Estados Unidos, 1951)

Un tranvía llamado deseo. Foto: Internet


CASABLANCA

Yo solamente vengo a preguntar
cómo cerrar el piano
cómo se apaga la mirada más luminosa del mundo.

(Casablanca de Michael Curtiz, Estados Unidos, 1942)

Casablanca. Foto: Internet


LUCÍA / ADELA

Esta mujer que corre en las salinas
a contraluz
con ganas de morder
                             de escapar
                                            de volverse una ola
esta mujer con los demonios en las cejas me tortura
cuando extiende la taza de café
cuando mira debajo del sombrero.

(Lucía de Humberto Solás, Cuba, 1968)

Lucía. Foto: Internet


POSTALES EN LA MONTAÑA

I

La postal de Ennis del Mar

Tengo mi camisa debajo de la tuya
nunca sentí el frío
el aullido
el ulular del viento
pero el mundo no es una montaña.
Te esperé
te esperé hasta sangrar Jack Twist.

II

La postal de Jack Twist

Me he quedado al borde del camino
sin atreverme a pronunciar tu nombre
tu nombre de arroyo de resina
Creí que el mundo era simple Ennis
como una pelota
que un árbol era un árbol y una mujer una mujer
ahora no sé quien tiene hojas
quien tiene labios.

(Brokeback Mountain de Ang Lee, Estados Unidos, 2005)

Brokeback Mountain. Foto: Internet


PLEGARIA


No digas que fue inútil que fue débil
su escueto modo de decir adiós
que fue pecado tomar el puente por altar
que fue pequeño su vuelo de paloma moribunda
que no sentís el traqueteo de la rueda sobre el cráneo
no digas nada.
Mira la delicada nervadura
la leve respiración del hijo
arrastra cada partícula de odio
por Bobby
por los que ahora mismo están naciendo.

(Plegarias para Bobby de Russell Mulcahy, Estados Unidos, 2009)

Plegarias para Bobby. Foto: Internet


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