martes, 25 de junio de 2013

“Se vende” no vende entradas al cine



Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


El acto de sentarse en la sala a oscuras, para ver el más reciente estreno del cine cubano en pantalla grande, es incomparable. 

Esta experiencia la repito una y otra vez, si bien más del 50 % de la población en Santiago de Cuba, parece ser alérgica a uno de los 3 cines vivos en la ciudad, el Rialto, y las películas que allí se proyectan.

El filme Se Vende (2012), con dirección del también actor Jorge Perugorría, y producido por NMP International S.A y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), ha pasado sin penas ni glorias. 

Una historia poco creíble y convencional se desarrolla en escenografías muy gastadas por el cine cubano y capitalino: una casa derruida con el refrigerador completamente vacío, el automóvil marca Chevrolet de la década del 50, la calle 23 del Vedado y una escena en los ómnibus articulados Yutong, donde se nota a simple vista que las personas carecen de naturalidad, por causa de sobre actuar una cotidianidad inventada.

Los protagonistas de Se Vende ya han aparecido en largometrajes como La muerte de un burócrata (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, y Se permuta (1983), de Juan Carlos Tabío, a quienes Perugorría rinde homenaje por constituir “sus maestros”.

El humor en estos filmes citados, funciona como un elemento refrescante y útil para la trama que se narra. Me refiero al humor que se encarga de inquietarnos, de revelarnos el comediante o la comedianta que podemos ser aún en las circunstancias más solemnes y nos abre los ojos hacia nuevos ángulos de la vida para pensar y reflexionar.

Pero Se Vende que apeló al humor negro y social para contar su historia de manera diferente, raya sobre los mismos chistes: la comparación entre el socialismo y el capitalismo en Cuba a partir de una cuchilla de afeitar, o la presencia ingenua y pedestre de 2 policías del oriente del país, que parecen 2 tontos, hablando mal y ejerciendo el poder coercitivo que tienen.

Hay otra escena donde la protagonista, encarnada por la actriz Dailenys Fuente, se sienta en el malecón habanero y descarga todas sus fuerzas y desánimos gritando frente a la inmensidad del mar. Aquí recordé a Laurita, la protagonista del mediometraje Madagascar (1994), de Fernando Pérez cuando se para en las azoteas habaneras con los brazos abiertos susurrando madagascar, madagascar, mdagascar… Lejos de hacer aportaciones, la comparación con los filmes precedentes no resulta fructífera.

Dailenys Fuentes, protagonista del filme "Se vende" (2012). Foto: Cubacine

Es válido remarcar la presencia de un elenco de actores de lujo: Mario Balmaceda quien representa al padre demagógico y en su lecho de muerte simula la postura de Lenin, además de Yuliet Cruz, Mirtha Ibarra, Raúl Pomares, Coralia Veloz y Salvador Wood.

La música es otro de los elementos que se agradece, sobre todo por la participación de Juan Formell y los Van Van, que ya había ocurrido en el filme Los pájaros tirándole a la escopeta (1984), del director Rolando Díaz.

Cuando en el filme ya no queda ningún hueso que vender y se acaban las imágenes en el proyector, Se Vende deja el sabor del aburrimiento. ¿Qué se quiere manifestar con la película? ¿Cuántos honores o deshonores se pretenden hacer? ¿Qué es lo que realmente vende el filme? Sería interesante que todas las personas que la vieran respondieran estas preguntas. 

Jorge Perugorría, Dailenys Fuentes y Mario Balmaceda. Foto: Cubacine

Al menos en Santiago de Cuba, Se Vende, no ha conseguido ni vender suficientes entradas para llenar la sala cinematográfica.

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