viernes, 26 de julio de 2013

Yo también quiero un 26




Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

La jornada del 26 de julio, en Santiago de Cuba deviene síntesis histórica y natural de un hecho que transformó la vida de los cubanos. Hace 60 años, un grupo de jóvenes guiados por los ideales de José Martí en su centenario, asaltó el otrora Cuartel Moncada.

La historia la escriben los ganadores, claro está. Sin embargo, es innegable la socialización política y el patriotismo que sentían aquellos jóvenes para llegar a una ciudad que no conocían y lanzar sus sentimientos contra los muros de la tiranía. Abel Santamaría Cuadrado era uno de ellos.

¿Y cuántos más se han quedado en el anonimato? ¿Cuánta sangre tuvo que derramarse por un sueño colectivo?

Ya estamos en combate por defender la historia de todos los que han muerto, se escuchó aquella mañana en la Granjita Siboney. Otro poeta años más tarde se preguntaba ¿A quiénes debemos la sobrevida? ¿Quién murió por mí en la ergástula? ¿Quién recibió la bala mía, la para mí?

Hay demasiadas incógnitas que el tiempo no logra borrar, pero no corresponde juzgar ahora con cabeza fría, los planes, propósitos y errores que otros cometieron.

Sesenta años después de que varios jóvenes quisieron tocar el cielo y en el mismo lugar, Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, declaró que “la generación histórica va cediendo su lugar a los pinos nuevos con tranquilidad y serena confianza, basada en la capacidad demostrada de seguir el rumbo de la Revolución”.

Como se ha explicado, está en marcha el proceso de transferencia paulatina y ordenada a las nuevas generaciones de las principales responsabilidades de la nación”, expresó ante la presencia de una decena de líderes latinoamericanos y caribeños y diez mil santiagueros.

Sin embargo, hay que cuidarse de aquellos oportunistas y llenos de doble moral, aquellos a quienes el pueblo les entrega su cuota de poder.

Veintiséis se escribe en Santiago con sangre, se recuerda con lágrimas y se grita con el compromiso para intentar llegar a la altura de esa estrella de la Santa Ana.

No quiero que nadie me escriba mi propia historia. Yo también quiero un 26.

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