jueves, 26 de diciembre de 2013

Reynier Rodríguez: “El estudio de la cultura francesa en la obra de José Martí, ha devenido para mí una nueva pasión”


Detalle del poeta y editor Reynier Rodríguez Pérez. Foto Maikel.

Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu


Con el premio de la Casa Víctor Hugo en la categoría Esmeralda, por el ensayo “Aspectos de la cultura francesa en La Edad de Oro”, el poeta y editor santiaguero Reynier Rodríguez nos ha demostrado que es este uno de los puentes que unen a franceses y cubanos. Son detalles que han estado ahí, —silencios significativos, según Mario Vargas Llosa— que aparecen desde el primer número de una revista que vio la luz en junio de 1889, en Estados Unidos.
Hace ya tiempo le debía esta entrevista a Reynier. Acaso fue la más difícil. Su conversación es rica y, como radialista que es, sus palabras no permiten ditirambos ni adjetivos excesivos.
 

EPF: ¿Cómo fue el proceso creativo para lograr este ensayo? ¿Hasta qué punto el programa radial José Martí, palabra viva, que escribes para la emisora Radio Mambí, pudo ser antecedente en ese estudio de la obra martiana?

RR: La experiencia de leer a Martí para luego proyectar su mensaje hacia públicos desconocidos, como son los de la radio, impone un reto. La obra martiana está escrita para ser leída con calma, y la radio necesariamente trabaja con otros códigos.
Lo que hacemos en el programa que mencionas es hurgar en el contexto histórico, a través de los mensajes que la locutora expresa y, a partir de ahí, reproducimos la obra martiana: el mensaje de José Martí, tal y como fue escrito; sin fragmentación, sin hacer de él meras frases que ya mucha gente conoce de memoria, pero que luego bien no sabe de qué texto las leyeron, en qué contexto fueron dichas por el Maestro. El objetivo del programa, que sale de lunes a sábado, alrededor de las 8 y 45 am, por las frecuencias de Radio Mambí, es que las personas escuchen a Martí como si les hablara hoy.
El programa se ha mantenido en antena durante tres años. Solo dura 5 minutos. Que suman 30 semanalmente y 120 al mes, es decir, 2 horas. Escuchar un mensaje atractivo e instructivo durante cinco minutos no parece una tarea ardua, pero realmente no conozco a muchas personas que estudien a Martí por 2 horas cada mes.
Para mí ha sido una experiencia singular. Leer a Martí desde esa misión me ha permitido descubrir muchas cosas, como la predilección del Maestro hacia los temas relacionados con la cultura francesa.
Indagué en los estudios cubanos y me percaté de una ausencia investigativa alrededor de la influencia de la cultura francesa en la obra martiana. Tenía la intención de participar en el concurso de la Casa Víctor Hugo y me arriesgué con ese tema.
Opté por una obra pequeña, muy conocida, La Edad de Oro, que acaba de ser editada en francés con un prólogo del doctor Alejandro Herrera, presidente de la Fundación Enrique Loynaz, y me circunscribí a esos aspectos que a todos sorprenden porque es como si no existieran. Jamás reparamos en ellos.
En realidad, más que respuestas, creo haber hallado en los textos de La Edad de Oro, indicios de un elaborado pensamiento sistémico: 1. Era Francia heredera de la ambición colonial de otro tiempo (por la cual tenía extendido su dominio sobre Anam) y, al mismo tiempo, abanderada del progreso, en virtud del cual hizo reunir a los pueblos del mundo en la Exposición de París, como una muestra de su solidaridad. 2. En América, sectores de las clases media y alta creían que estar a la francesa era sinónimo de lujo, de poder. De ahí que Bebé fuera a París todos los años y hubiese un cuadro, de un francés, entre las cosas de Piedad. 3. Cualquier apoyatura a un nuevo contenido o a un aspecto relativo al desarrollo cultural, científico o económico-social de nuestros pueblos, podía calzarse con ejemplos de Francia, sobre todo de su historia.
Ese fue mi descubrimiento, pero no se trata de un paso extraordinario, sino de algo que se puede leer, que se puede entender con claridad por cualquiera que fije sus ojos en La Edad de Oro. Creo que esto fue lo advirtió el jurado en medio de los más de cien trabajos presentados, provenientes de todo el país.

EPF: José Martí dedica La Edad de Oro a “los niños y niñas de América”. ¿Luego de releer la revista de manera crítica, crees que haya sido decisión del Apóstol dotar a esos infantes del conocimiento y el imaginario de la cultura francesa?

RR: Probablemente nuestro Héroe Nacional aspiró a que esos niños y niñas de América, al leer La Edad de Oro, descubriesen por ellos mismos los resortes que unifican las culturas y los pueblos de están al sur del río Bravo; pero que al mismo tiempo fuesen, esos niños y niñas también, los que viesen en otros pueblos, similares a los nuestros, el reflejo de los valores que nos identifican.
Los artículos que demuestran ese afán, con mayor énfasis, son: “La historia del hombre contada por sus casas”, “Un juego nuevo y otros viejos”, “La exposición de París”, “Un paseo por la tierra de los anamitas” y “Cuentos de elefantes”. En todos ellos aparece una intensión, casi explícita, de hacer ver como universales ciertas prácticas culturales.
De ahí que Martí busque a la América, para entregársela a los niños y las niñas, pero no a la América de los políticos, subordinada a viejas fuentes de poder. El objetivo perseguido tenía un vínculo sutil con el criterio que él, más tarde, haría explícito en el ensayo Nuestra América: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.
En ese propio ensayo, expresa el cubano mejor: “Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América”. De lo que se interpreta que, a juicio de nuestro Héroe Nacional, seguía siendo el modelo francés en el arte, la política, las ideas transformadoras de la sociedad y la economía, y el paradigma de la vida moderna en general, el que más interés conseguía en los hombres y las mujeres de finales del diecinueve en todo el orbe; y, en América, era preciso mirar bien hacia Francia, aunque nos fuésemos reconociendo ya como parte del mundo: un espacio global y pensante, en el que América recién comenzaba a aportar sus ideas y valores.

EPF: Cada uno de los 4 números de La Edad de Oro cuenta con un epígrafe llamado “La última página”. ¿Cuál será la última página de este Premio en tu vida, luego de haber descubierto el resultado de influencias de la cultura francesa en Martí?

RR: Sobre la próxima página sí te puedo decir, que es la publicación de los textos premiados por parte de las Ediciones Boloña. Los organizadores del Premio esperan poder presentar el volumen muy pronto, en Santiago de Cuba y La Habana, tal vez en la Feria del Libro de este año. Y nos queda esperar que se mantenga esta feliz iniciativa de la Asociación Cuba Cooperación Francia, el Senado francés y la Casa Víctor Hugo de La Habana, por el bien de las relaciones que existen entre Cuba y Francia. En mi caso la última página no ha sido escrita todavía, porque el estudio de la cultura francesa en la obra de José Martí ha devenido para mí una nueva pasión.

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