sábado, 20 de diciembre de 2014

Los jóvenes no son un problema, son la solución



Enrique Pérez Fumero
enriquep@rect.uo.edu.cu

Recién llegado a Santiago de Cuba, el padre argentino Eduardo Gonzalo Redondo ha sido encargado para  asesorar al equipo de Pastoral Juvenil. 

Él, junto con Daniel Rieger, pertenece a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, unidos por la caridad al servicio de los jóvenes y de las vocaciones. 

Esta fraternidad fue fundada en España por el Beato Manuel Domingo y Sol a finales del siglo XIX.


EPF: ¿Cuál ha sido su experiencia en el trabajo de acompañar a los jóvenes?

ER: Mi experiencia viene desde mi vocación, porque fue un llamado de Dios en favor de los jóvenes y de las vocaciones. Es algo que llevo en mi ADN. Al entrar al seminario recibí varios cursos sobre el trabajo de la pastoral juvenil, aplicado a mi contexto de América Latina. Luego a causa de mis labores en Brasil y Buenos Aires como rector de 2 seminarios como este de San Basilio Magno, también me ocupé de la pastoral juvenil y del trabajo con los animadores, asesores y laicos. Estuve los últimos 6 años en Roma y como viajé por tantos países, fue una experiencia riquísima que me abrió el corazón.

EPF: ¿Cuán difíciles son los jóvenes, si bien este grupo poblacional es el encargado de hacer las revoluciones en el arte, en la política, en la religión y en la sociedad?

EPF: Los jóvenes no son un problema, son la solución. Aquí veo un potencial enorme, a pesar de las dificultades, pero en todos lados las hay. Y estamos en un tiempo propicio. El documento de Aparecida, aprobado por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM) y la Exhortación del Papa Francisco Evangelii Gaudium, son claves para entender los procesos que ocurren en América Latina. En el texto se habla de la conversión personal y de la conversión pastoral. La primera supone transformar el corazón para ver las cosas de otra manera. La segunda significa mirar nuestras estructuras eclesiales y transformarlas. Dejar que Dios nos interpele desde la eucaristía y la palabra para transformar las mentalidades.

La iglesia es la de Jesús y su proyecto es el más revolucionario y transformador, porque para implantar el reino, tenemos que empezar aquí y ahora. Por eso tenemos que desterrar las estructuras caducas y el primero que tiene que hacerlo soy yo. Es la fe, la que nos moviliza a hacer realidad el proyecto de Jesús.

EPF: ¿Qué estrategia tiene pensada para trabajar en Cuba y con los jóvenes cubanos?

ER: La primera y al única es conocerlos y amarlos como son. El resto vendrá después.

EPF: ¿Cómo transformar el corazón de los jóvenes en tiempos de crisis actuales y falsos paradigmas?
 
P. Eduardo Redondo en el Seminario San Basilio Magno. Foto: cortesía del entrevistado

ER: Los totalitarismos no entran en los sueños de Dios porque nacen de la experiencia de crecer, de trabajar, de la comunión, de descubrir que el consenso es el mejor camino. El Papa nos invita a vivir la alegría del evangelio a través 3 acciones: alegrarse, levantarse y perseverar. Habrá que hacer una relectura de estos tres verbos desde la realidad cubana. Sin embargo, el gran cambio se da a partir de un encuentro personal con Jesús. Uno puede identificarse con él, pero cuando vives la experiencia del encuentro con el señor, es que te mueves, pierdes el miedo y te nace la convicción más profunda de dar la vida por ese sueño.

Navidad Cristocéntrica: para que en la fiesta no falte el cumpleañero


Marisol de la Cruz Tejeda

Si de navidad se trata, los jóvenes somos los primeros para las actividades festivas entre familiares y amigos; la decoración de la casa con arbolitos y guirnaldas; la cena de noche buena y los intercambios de regalos. Próximos al fin de año coqueteamos con esa tendencia de los consumos culturales norteamericanos y europeos, porque también nos encanta comprar, gastar y estrenar. Sin embargo, algunos jóvenes sucumben ante la necesidad de quedarse con lo puramente epidérmico de este tiempo litúrgico. ¿Y qué es más importante al punto de ocupar nuestra atención: la gracia de Dios, o las cosas materiales?

No se trata de vivir enajenados de la realidad cubana. Hoy he intentando recordar cuántas veces, desde que me reconozco como una joven cristiana, he vivido la navidad de una manera peculiar, es decir “cristocéntricamente”. Y descubrí asombrada que al preparar la obra navideña o la gala artística de mi parroquia, rara vez he dedicado un tiempo a la oración sincera con ese Jesús que viene para mí, para ti, y para todos. ¿Qué le gustará más a este niño que vino al mundo en un pesebre sin puertas: un encuentro conmigo, o el arbolito más caro que venden en Enramadas? Por eso intento que esta navidad sea especial para mí y te invito a que vivas diferente esta etapa. Si tienes tiempo para limpiar la casa, intenta dedicar algunos minutos para conversar con Cristo y abrir nuestras puertas a su llegada.

Es hora de que la oración, la conversión, y la acción de gracias sean los principales ingredientes de nuestras celebraciones, y lograr en consecuencia un encuentro donde además de la música, la decoración, y las anécdotas y los chistes, esté el cumpleañero. ¿Cómo es posible celebrar la navidad, sin invitar a Jesús, si bien es su onomástico?

Si estás de acuerdo conmigo, corre y anúncialo, vívelo. La navidad no es la excusa que necesitabas para gastar tus ahorros y renovar el ropero; no es el motivo de un repentino cambio de look; no significa una buena cena. Es el impulso que cada año llega para renovar tu fe; el tiempo en que te regalas a un Jesús que te invita a que nazcas con él para lanzarte a la aventura de cambiar el mundo desde sus propias entrañas: desde ti mismo.