sábado, 14 de febrero de 2015

¿San Valentín, o la química del amor?






Marisol de la Cruz

La idea del corazón como fuente de amor, se remonta como mínimo a hace varios milenios en la India, China y Japón. Hoy, todavía son frecuentes la frase, “te amo con todo mi corazón”, así como el obsequio de postales por el 14 de febrero, con el reiterado símbolo. Pero, ¿es el miocardio responsable del enamoramiento?

Considerado el órgano vital por excelencia, en realidad el corazón es un vaso sanguíneo modificado, con la capacidad de contar con células contráctiles y de funcionar como la “bomba central” del sistema cardiovascular. En las fibras cardíacas existen receptores sobre los cuales actúan neurotransmisores capaces de enviar el impulso nervioso y de decodificar el lenguaje bioquímico para luego transformarlo en conducción eléctrica.

El enamoramiento por otro lado, es un proceso complejo. Científicos han demostrado que aunque nos atraen las personas con rasgos similares a los nuestros, tendemos a elegir el olor de aquellas que tienen un sistema inmunológico muy distinto. Este es uno de los factores que nos impide enamorarnos de nuestros familiares.

Cuando vemos a esa persona “que nos mueve el piso”, se inicia un proceso bioquímico en el cerebro y luego de la secreción de neurotransmisores, se activan el corazón y las glándulas. Y como resultado aparecen los nervios, las manos sudan y tiemblan, y las mejillas se sonrojan. En consecuencia, nuestro cuerpo también produce algunas drogas importantes. Por ejemplo, la oxitocina que se relaciona con la vida sexual logrando que la pareja se vincule más emocionalmente; la dopamina, conocida como la sustancia de la ternura y la pasión sexual; y la fenilalanina, que genera entusiasmo y amor por la vida. Todas ellas actúan sobre varias zonas corticales como el sistema límbico, capaces de controlar las emociones, y la razón.

Entonces, aunque San Valentín se nos une para celebrar, definitivamente en materia de amor solo hay un culpable: nuestro cerebro, el cual ha demostrado ser un amante más apasionado que el corazón.

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